El tránsito desde el ciclo de proyectos reformistas o simplemente desarrollistas
al ciclo de lo que se conoció como el nuevo autoritarismo en América Latina no
disminuyó el interés político europeo en América Latina. Por el contrario, Eu-
ropa condenó con energía los regímenes dictatoriales que se generalizaron en
la década de los 70 en el Cono Sur y en América Central, apoyando la lucha por
la democracia y los derechos humanos, acogiendo a numerosos refugiados po-
líticos y contribuyendo al mantenimiento de la oposición democrática en va-
rios de esos países. En esta misión colaboraron gobiernos, partidos políticos,
sindicatos, ONGs y movimientos religiosos. Quizás el caso más emblemático
en este sentido fue el chileno. La caída de la democracia en Chile tuvo un im-
pacto muy grande en Europa y suscitó una corriente de solidaridad y apoyo
que solo terminó cuando la democracia volvió a consolidarse en el país.
Durante los años 70, Europa también aumentó su atención política hacia la re-
gión debido a la necesidad que percibía de tender puentes hacia los países del
Sur. No hay que olvidar que en esa época se generó un activo diálogo Norte-
Sur, que fue alimentado por posiciones reivindicacionistas de los países del
Tercer Mundo, a los cuales países latinoamericanos como México, Venezuela o
Perú se sumaron con entusiasmo. En ese contexto, algunos sectores europeos
postularon la necesidad de promover un acercamiento a los países en desarrollo.
Esta actitud también se vio influida por hechos más bien circunstanciales como
la crisis del petróleo, que llamaron la atención sobre el problema del abasteci-
miento de las materias primas, área en que la región cobraba especial relevancia.
El ciclo de transición a la democracia que se generalizó en América Latina duran-
te la década de los 80 mantuvo el interés europeo, más aún cuando coincidió con
procesos similares que se desarrollaban en el sur del propio Viejo Continente.
Los complejos procesos de transición a la democracia de América Latina fue-
ron seguidos con interés, no solo a través de innumerables seminarios y en-
cuentros sino también de proyectos de cooperación, apoyos institucionales y
asesorías, aunque el apoyo europeo no colmó las expectativas de muchos paí-
ses latinoamericanos, que habían visto en Europa el principal respaldo externo
para sus frágiles procesos. En la misma época, la UE se interesó activamente en
el conflicto centroamericano, contribuyendo de manera importante a la bús-
queda de una salida pacífica al conflicto y colaborando con los esfuerzos que
desplegaban en ese sentido los centroamericanos y los países latinoamericanos
que los apoyaban, todo ello, en contraste con la postura de la administración
Reagan, que veía el conflicto como un teatro más de la Guerra Fría y que des-
cartó durante mucho tiempo la posibilidad de una solución negociada. Fue la
época en que Europa pudo presentarse con mayor claridad como una alternati-